Esta reforma pretendía no sólo actualizar la imagen y adecuar los espacios a los nuevos usuarios, sino también las instalaciones interiores de electricidad, fontanería y saneamiento, que son las originales, para asegurar su validez y buen funcionamiento a largo plazo. La instalación eléctrica estaba anticuada y la de fontanería (de hierro), presentaba además un deterioro notable; sin haberse producido o detectado fugas, presenta un alto grado de oxidación apreciable en el sabor y color del agua corriente. La instalación general de abastecimiento (agua caliente y fría comunitarias) había sido recientemente renovada hasta el acceso a la vivienda.
La vivienda encajaba completamente en la estética de los años 80 del s. XX en lo tocante a los acabados: alicatados, mobiliario de cocina, sanitarios, color de las paredes, puertas y cajones de persiana de sapelli y parqué de roble con múltiples capas de barniz con acabado brillo. Pese a disponer de una gran extensión de fachada con amplios acristalamientos, la existencia de pesadas cortinas para ocultarlos, el color ocre de los paramentos verticales, la iluminación excesivamente cálida y tenue y la madera oscura hacían de ésta una vivienda oscura y obsoleta.
La intervención busca eliminar el exceso. Aligerar. Se conserva la distribución original prácticamente intacta, puntual y mínimamente actualizada a las necesidades de los nuevos habitantes de la vivienda. Los esfuerzos se centran en aportar luz al interior. Las paredes se pintan de blanco. Se instalan nuevas puertas y cajas de persiana, blancas también. Se renueva la iluminación. Se renuevan la cocina y los baños. Y se abren pequeños huecos en lo alto de algunos tabiques para permitir que pase la luz a partes interiores de la distribución.